Desde que somos muy pequeños, hemos tenido ídolos. Para mucho es Superman, Batman, Iron Man o Capitán América, para otros, lo son doctores, bomberos, policías o algún jugador de fútbol. Lo cual realmente es normal.
Sin embargo, yo tengo mi propio
ejemplo, creo que cuando sea grande, quiero ser como mi abuelo Roberto.
Les explico un poco. Mi abuelo es
una persona maravillosa, de verdad se los digo y no es porque es mi abuelo. Es
una de las personas más nobles, bondadosas, cariñosa, empática y honrada que yo
conozco, cuidado y no es el que más. Conozco tantas historias que demuestran su
genial forma de ser, sus actos para ayudar sin recibir nada a cambio. Hay
ángeles que están en la tierra, sin duda alguna mi abuelo es uno.
Puedo recordar desde muy chico ir
en su carro con pura música clásica. Diría que el beisbol y la música son sus
grandes pasiones. Pero hay una pasión que tiene el que muy pocas personas
manejan… la justicia.
Mi abuelo fue juez, desde que
tengo uso de razón está jubilado, pero no conozco a alguien que pueda hablar
mal de él ¡Imagínense que hasta los mismos presos que el condenaba lo querían!
Es tan difícil expresar en palabras como es, pero ustedes que me leen, y sobre
todo si son familiares, me entienden.
Estoy muy orgulloso de ser su nieto,
me llena de orgullo saber que llevo su apellido, no me cabe en el corazón lo
emocionado que me siento cuando recuerdo los días junto a él. Comiendo queso de
mano derretido, comiendo zapote en la mesa del apartamento, preguntándole
cualquier cantidad de cosas que se me ocurrían porque para mí él es la persona más
inteligente.
Siempre quería que me contara sus
experiencias siendo juez, como vivía cada instante, que le gustaba, que le
molestaba, todo. Ir conociéndolo era conocer de dónde vengo y así podría saber
a dónde ir… y así ha sido. Hoy en gran parte soy lo que soy gracias a él, hoy
soy una persona mucho mejor. No ha habido orgullo y felicidad más grande para
mí que haber coincidido en esta vida con él. Dicen que la vida nos da muchos
regalos, pero con el abuelo que me dio, se depravó. Nunca alguien me había
hecho sentir tan orgulloso.
Para mí es imposible olvidar
cuando se dio su gustazo en Aruba y cerveza tras cerveza, se prendió y
necesitaba los basureros para mantenerse en pie, siendo tan jovial, tan
inocente y tan feliz. Cuando venía a Chile y nos quedábamos los dos, mi abuela
me decía que comprara algo de comida para nosotros, el pollo y las papitas de
líder nos llenaba la barriga y después yo lo malcriaba con melocotones, crema
chantilly, dulce de membrillo y frugelé. Cuando me decía “¿Daniel, no te queda
un poquitico de dulce por ahí?” y la verdad es que tenía todo el dulce para él.
Y hay un recuerdo que tengo
tatuado en el alma. Era 2011, íbamos saliendo de Universal, 9:00 pm quizás, él
iba caminando delante de mí y aunque ya lo sabía, en ese momento vi su figura y
lo mucho que representa para nosotros, me acerqué y le dije: “abuelo, quiero
que me hagas una promesa cuando ya no estés en este mundo”, lo primero que me
dijo entre risas fue: “yo no me voy a llevar a nadie” y yo entre sonrisas le
dije: “No, no, no. Cuando ya no estés, visítame en mis sueños y guíame cada
día”. Lo más asombroso de todo es que ya me guiaba desde que tengo uso de
conciencia.
Siempre he dicho que es injusto
que nuestros abuelos nos tengan que ver nacer y crecer, pero nosotros los
tengamos que ver irse. Yo no sé cuándo será el día en que él tenga que ir a
hacer de juez en el cielo, al final Dios siempre necesita a los mejores. Lo que
sí sé es que aquí en la tierra ha dejado una huella, una marca que no solo es
conmigo, sino con todos sus hijos, sus nietos, bisnietos y su familia. Me
atrevería a decir que para todos es un honor que él siempre esté presente.
Entonces sí, cuando sea grande
quiero ser como Roberto Yepes Boscán. Ese señor que siempre veló por los demás,
que nunca dejó de amar a su familia y que nunca ha dejado de afrontar la vida y
sus problemas con la mejor actitud.
Quiero ser ese señor que trasmite
ternura, seguridad, tranquilidad. Quiero ser como él, amado por todos.
Y ahora le voy a hablar
directamente a el: Abuelo, que orgulloso me siento de ser tu nieto, de
llevar el apellido Yepes, de ser parte de tu historia, que feliz me siento de
haber compartido tantos momentos (más los que vendrán), mi alma salta de
emoción cada vez que te veo, es como un niño que encuentra refugio en lo que
más quiere. Que felicidad es haber coincidido contigo en esta vida, por eso y
por mucho más, quiero ser como tú. De hecho, siendo un 10% de lo que eres, ya
sería demasiado. Eso lo digo para que pueda entender la magnitud de grandísimo
ser humano que eres.
Gracias por tantas enseñanzas y
por tanto amor,
Te amo con el alma, porque al
final el cuerpo se va, pero el alma durará para siempre y por eso es que te
amaré por siempre.
Daniel Montiel
22/02/2021


