lunes, 22 de febrero de 2021

Cuando sea grande quiero ser como él

Desde que somos muy pequeños, hemos tenido ídolos. Para mucho es Superman, Batman, Iron Man o Capitán América, para otros, lo son doctores, bomberos, policías o algún jugador de fútbol. Lo cual realmente es normal.

Sin embargo, yo tengo mi propio ejemplo, creo que cuando sea grande, quiero ser como mi abuelo Roberto.

Les explico un poco. Mi abuelo es una persona maravillosa, de verdad se los digo y no es porque es mi abuelo. Es una de las personas más nobles, bondadosas, cariñosa, empática y honrada que yo conozco, cuidado y no es el que más. Conozco tantas historias que demuestran su genial forma de ser, sus actos para ayudar sin recibir nada a cambio. Hay ángeles que están en la tierra, sin duda alguna mi abuelo es uno.

Puedo recordar desde muy chico ir en su carro con pura música clásica. Diría que el beisbol y la música son sus grandes pasiones. Pero hay una pasión que tiene el que muy pocas personas manejan… la justicia.

Mi abuelo fue juez, desde que tengo uso de razón está jubilado, pero no conozco a alguien que pueda hablar mal de él ¡Imagínense que hasta los mismos presos que el condenaba lo querían! Es tan difícil expresar en palabras como es, pero ustedes que me leen, y sobre todo si son familiares, me entienden.

Estoy muy orgulloso de ser su nieto, me llena de orgullo saber que llevo su apellido, no me cabe en el corazón lo emocionado que me siento cuando recuerdo los días junto a él. Comiendo queso de mano derretido, comiendo zapote en la mesa del apartamento, preguntándole cualquier cantidad de cosas que se me ocurrían porque para mí él es la persona más inteligente.

Siempre quería que me contara sus experiencias siendo juez, como vivía cada instante, que le gustaba, que le molestaba, todo. Ir conociéndolo era conocer de dónde vengo y así podría saber a dónde ir… y así ha sido. Hoy en gran parte soy lo que soy gracias a él, hoy soy una persona mucho mejor. No ha habido orgullo y felicidad más grande para mí que haber coincidido en esta vida con él. Dicen que la vida nos da muchos regalos, pero con el abuelo que me dio, se depravó. Nunca alguien me había hecho sentir tan orgulloso.

Para mí es imposible olvidar cuando se dio su gustazo en Aruba y cerveza tras cerveza, se prendió y necesitaba los basureros para mantenerse en pie, siendo tan jovial, tan inocente y tan feliz. Cuando venía a Chile y nos quedábamos los dos, mi abuela me decía que comprara algo de comida para nosotros, el pollo y las papitas de líder nos llenaba la barriga y después yo lo malcriaba con melocotones, crema chantilly, dulce de membrillo y frugelé. Cuando me decía “¿Daniel, no te queda un poquitico de dulce por ahí?” y la verdad es que tenía todo el dulce para él.

Y hay un recuerdo que tengo tatuado en el alma. Era 2011, íbamos saliendo de Universal, 9:00 pm quizás, él iba caminando delante de mí y aunque ya lo sabía, en ese momento vi su figura y lo mucho que representa para nosotros, me acerqué y le dije: “abuelo, quiero que me hagas una promesa cuando ya no estés en este mundo”, lo primero que me dijo entre risas fue: “yo no me voy a llevar a nadie” y yo entre sonrisas le dije: “No, no, no. Cuando ya no estés, visítame en mis sueños y guíame cada día”. Lo más asombroso de todo es que ya me guiaba desde que tengo uso de conciencia.

Siempre he dicho que es injusto que nuestros abuelos nos tengan que ver nacer y crecer, pero nosotros los tengamos que ver irse. Yo no sé cuándo será el día en que él tenga que ir a hacer de juez en el cielo, al final Dios siempre necesita a los mejores. Lo que sí sé es que aquí en la tierra ha dejado una huella, una marca que no solo es conmigo, sino con todos sus hijos, sus nietos, bisnietos y su familia. Me atrevería a decir que para todos es un honor que él siempre esté presente.

Entonces sí, cuando sea grande quiero ser como Roberto Yepes Boscán. Ese señor que siempre veló por los demás, que nunca dejó de amar a su familia y que nunca ha dejado de afrontar la vida y sus problemas con la mejor actitud.

Quiero ser ese señor que trasmite ternura, seguridad, tranquilidad. Quiero ser como él, amado por todos.

Y ahora le voy a hablar directamente a el: Abuelo, que orgulloso me siento de ser tu nieto, de llevar el apellido Yepes, de ser parte de tu historia, que feliz me siento de haber compartido tantos momentos (más los que vendrán), mi alma salta de emoción cada vez que te veo, es como un niño que encuentra refugio en lo que más quiere. Que felicidad es haber coincidido contigo en esta vida, por eso y por mucho más, quiero ser como tú. De hecho, siendo un 10% de lo que eres, ya sería demasiado. Eso lo digo para que pueda entender la magnitud de grandísimo ser humano que eres.

Gracias por tantas enseñanzas y por tanto amor,

Te amo con el alma, porque al final el cuerpo se va, pero el alma durará para siempre y por eso es que te amaré por siempre.

 

Daniel Montiel

22/02/2021

















4 comentarios:

  1. Que comentario puede haber Daniel. Si todo esta resumido en tus palabras. Orgullosos nos sentimos todos de ser parte de su vida.
    Te quiero mucho. Tía Lorena

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  2. Hijo, que grandes palabras y mejor expresadas imposible! Sin duda hemos sido privilegiados de poder tener tan grande y maravillos ser humano, guía infinita de los mejores ejemplos, valores, principios, integridad y amor!

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  3. Excelente Daniel! Asi es Tio Roberto, un orgullo familiar y ejemplo a seguir por el resto de nuestra vida terrenal, tranquilo, que El, está así de orgulloso de ti, y estará bien por siempre.

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  4. Las almas nobles siempre están con nosotros, la guía ya te la dejo con sus enseñanzas y sus jocosos comentarios a cada pregunta que se le hace. El siempre estará orgulloso de ti.

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